Este versículo resume una poderosa enseñanza: debemos acercarnos a Dios, buscarlo y clamar a Él en todo momento, tanto en las dificultades como en los tiempos de bendición. El testimonio de Roger es una muestra viva de cómo Dios transforma vidas.
Desde muy joven enfrentó dificultades económicas y comenzó a trabajar en diferentes oficios hasta que, a los 17 años, llegó al Grupo Algodón. La popularidad le permitió viajar y ganar reconocimiento, pero junto con el éxito llegaron el alcohol, las drogas y otros vicios que consumieron todo a su paso. Las amistades desaparecieron, la vida familiar cayó en caos y llegó a perder su hogar y dormir en las calles.
En medio de la crisis y en completa soledad, escuchó una predicación televisada y el llamado de Jeremías 33:3. Comprendió el mensaje: para salir de esa condición debía clamar con sinceridad. Comenzó a orar y a buscar una oportunidad. Primero experimentó la reconciliación familiar y, tras meses de perseverancia, abandonó por completo las adicciones.
Estudió teología en medio de severas pruebas económicas, fue ordenado como pastor y dedicó su vida al ministerio y a la alabanza. Hoy su testimonio proclama que no importa la adversidad presente: quien busca y clama a Dios encuentra transformación completa y un propósito eterno.
“Ahora ya no soy el hombre derrotado de las calles; soy un hijo de Dios que le sirve con todo el corazón.”









